El Achiqueé (Leyenda ancashina)

Adaptación de la leyenda de José María Arguedas.

Adaptación de la leyenda de José María Arguedas que lleva por título «El Achiqueé (Áncash)» en el libro Mitos, leyendas y cuentos peruanos, edición de José María Arguedas y Francisco Izquierdo Ríos. ¿Qué piensas de esta historia? En esta leyenda se puede apreciar rasgos de la religión católica y las costumbres andinas juntas, creando un nuevo tipo de arte para explicar el origen de los Andes y de las características de algunos animales. Gracias por leer y escuchar a Conpedepatria.

El quechua que utilizó Arguedas al escribir esta leyenda es muy españolizado y la pronunciación que realicé en el audio tal vez no sea la más acertada, pero di mi mejor esfuerzo para transmitir el mismo mensaje.


En un pequeño pueblo y alejado del centro, vivía una viuda enferma con sus dos hijitos, lamentablemente, esta pobre señora, por tanto trabajo y sufrimiento, pronto dejaría este mundo. Y así fue, los dos niñitos ahora quedaron huérfanos, abandonados, sin un lugar para quedarse, aunque sea a dormir, y sin un trozo de pan siquiera para comer. Pero un día, mientras caminaban hambrientos por la calle, vieron volar a un gorrión que llevaba la flor de la papa en su pico. La papa era muy codiciada y escasa en aquel pueblo, entonces se les ocurrió:

—Tal vez, si seguimos al pájaro, ¡llegaremos a un sitio donde hay muchas papas! —, pensaron ambos.

Y se animaron con dichas palabras, por lo que emprendieron la marcha. Solo que no sabían que en aquel pueblo también vivía la Achikay, quien era una vieja harapienta muy mala, pues ni bien supo a dónde se dirigían los niños, decidió matarlos para luego apoderarse de las papas. Con engaños los atrajo a su casa, al parecer ellos no sospechaban nada, pues eran muy inocentes. Como ambos niños tenían hambre y se notaba en sus rostros, la Achikay propuso cocinar algo, pero primero necesitaba leña. La hermana mayor se ofreció a cortar leña afuera de la casa, pues su hermano aún era muy chiquito y no podía hacerlo. Mientras tanto la Achikay no podía esperar más y decidió matar al niñito de una vez por todas, este comenzó a llorar repentinamente porque sabía que no podía hacer mucho para defenderse. Aquellos gritos fueron suficientes para que su hermana volviese, pues no eran gritos comunes como los que escuchas de un bebé hambriento, eran gritos de socorro, de horror y de temor. La hermana, al ver que su hermano estaba en peligro, inmediatamente le lanzó una piedra a la anciana, cargó a su hermanito en la espalda y salió corriendo.

Comenzó la persecución, la niña corría y corría sin mirar atrás, pues no debía caerse ni soltar a su pequeño hermano, y la vieja iba detrás, ella no era tan ágil, pero no tenía que lidiar con otra carga más que su propio peso. Al poco tiempo, la hermana mayor se encontró con un gallinazo y rápidamente le dijo:

—Tío gallinazo, escóndenos bajo tus alas. — Este los escondió.

Luego llegó la Achikay y preguntó:

—Tío gallinazo, ¿no has visto pasar una muchacha con un bulto a la espalda?

El gallinazo, al darse cuenta de lo que ocurría, le dio un aletazo en el rostro tan fuerte que la vieja empezó a sangrar. La niña aprovechó el momento para seguir huyendo, pero antes agradeció al tío gallinazo diciéndole:

—Tendrás buena vista y nunca te faltará comida. — Deseo de la niña que se cumplió.

Los niños tuvieron que seguir escapando, pues la Achikay aún no se daba por vencida. Corrieron y corrieron hasta encontrarse con un puma que también accedió a defenderlos; al llegar la vieja y preguntar por los niños, el puma le dio un zarpazo tan fuerte que la arrojó al suelo. La niña también le agradeció por ayudarles, diciendo:

—Tío puma, serás el más valiente de los animales — Y hasta ahora lo es.

Pero nuevamente tuvieron que seguir escapando y se cruzaban con varios otros animales que, en forma de agradecimiento, adquirían nuevas cualidades que hasta la actualidad conservan. Como es de esperarse, no todos los animales quisieron ayudar, hubo uno que no, este era el zorrillo, quien no quiso ayudar a los niños en apuros, y la niña, que se puso muy enojada por eso, le dijo:

—¡Tendrás un olor repugnante y debido a eso los cazadores te atraparán fácilmente!

Después de mucho tiempo de persecución y ya cansados, los niños llegaron a una pampa con abundante vegetación, pero ningún lugar dónde esconderse. Desesperados, deciden pedir al cielo que los ayude; San Jerónimo, al escucharlos, tira una cuerda para que los niños suban. Finalmente llegaron al lugar anhelado, una chacra de papas, donde los huérfanos son muy felices hasta ahora.

En cuanto a la Achikay, que también llegó a la pampa y vio que los niños subían por una cuerda, pidió a gritos:

—Tayta, Jerónimo, ¡haz que yo también suba!

San Jerónimo le mandó una cuerda, pero esta vez, una cuerda vieja, la anciana no se dio cuenta de esto y empezó a subir. Cuando estaba a medio camino subiendo dicha soga, se dio cuenta de que un ratoncillo en la parte de arriba estaba royendo la cuerda y, entonces, le dijo gritando:

—Oye, trompudo inútil, ¿por qué comes mi soga? —

A lo que el ratón respondió:

—No me fastidies vieja, yo estoy comiendo mi cemita quemada —, y no paraba de roer la soga.

La Achikay, al ver que iba a caer, pidió a Dios que caiga en la pampa para no hacerse daño:

—Sobre la pampa, por favor, sobre la pampa —, exclamaba.

Pero al ver que iba a caer sobre una roca, lanzó una maldición tremenda:

—¡Que mi cuerpo se desparrame, que mis huesos se incrusten en la tierra y mi sangre seque las plantas y las hierbas! — Tal como dijo sucedió.

Desde ese momento aparecieron los Andes, pues los cerros que los forman son los huesos de la Achikay, las rocas con caras horrorosas resemblan los repugnantes gestos maldicientes de la arpía al caer, el eco que se oye cuando gritamos es la voz de dicha bruja remedándonos y la sangre también salpicó los valles de la costa y las faldas de ciertos cerros, dejándolos desde entonces áridos para siempre.

Por otro lado, aquel sitio al que ascendieron los niños lleva el nombre de Taricá, un lugar donde nunca se conocerá el hambre, pues abundan las papas. Y San Jerónimo es el patrón de esas tierras, como es de esperarse, pues fue él quien ayudó a los primeros pobladores del pueblo, a los niños protagonistas de esta historia.


Licencia Creative Commons

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional. “El Achiqueé”, una leyenda adaptada por Pablo Alejos Flores.

Un comentario sobre “El Achiqueé (Leyenda ancashina)

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