Miss Dollar – Capítulo 1

Traducción del cuento compuesto por ocho capítulos Miss Dollar, escrito por Machado de Assis en portugués. Originalmente publicado en Contos Fulminenses, 1870.

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Era conveniente para esta historia que el lector se quedara por mucho tiempo sin saber quién era Miss Dollar. Pero, por otro lado, sin la presentación de Miss Dollar, el autor se vería obligado a afrontar largas digresiones que llenarían las hojas de este libro sin adelantarse a la acción. No hay lugar a dudas: voy a presentarles a Miss Dollar.

Si el lector es joven y de carácter melancólico, presumirá que Miss Dollar es una inglesa pálida y delgada, escasa de carne y de sangre, con dos grandes ojos azules a flor de su rostro y unas largas trenzas rubias que sacuden al viento. Creerá que la chica en cuestión debe ser delicada y perfecta como una creación de Shakespeare; que debe ser lo contrario a la carne asada británica, con la que se alimenta la libertad del Reino Unido. Tal vez incluso piense que tal Miss Dollar debe saber los poemas de Tennyson de memoria y leer a Lamartine en francés; y si supiese portugués, se empaparía con la lectura de los sonetos de Camões o los Cantos de Gonçalves Dias. El té y la leche serían el alimento de semejante criatura, además de algunos dulces y galletas para satisfacer los antojos del estómago. Su manera de hablar sería un susurro de arpa eólica, su amor un desmayo, su vida una contemplación y su muerte un suspiro.

Dicha figura es poética, pero no es la de la protagonista de esta historia.

Supongamos que el lector no es de soñar despierto ni de melancolías, en ese caso se imaginará a una Miss Dollar totalmente diferente a la anterior. Esta vez será una estadounidense robusta, con unas mejillas tan rojas como la sangre, de silueta redondeada, de ojos vivos y ardientes; una mujer hecha, rehecha y excepcional. Amiga de la buena mesa y del buen trago, esta Miss Dollar preferirá un cuarto de carnero a una página de Longfellow, cosa naturalísima cuando el estómago reclama, y nunca llegará a comprender la poesía del atardecer; será una buena madre de familia según la doctrina de algunos sabiondos de la civilización, es decir, será fecunda e ignorante.

No será del mismo pensar el lector que ya pasó por su segunda juventud y afronta una vejez sin recursos. Para él, la Miss Dollar verdaderamente digna de ser contada en algunas páginas, sería una buena inglesa de cincuenta años, con posesión de algunas mil libras esterlinas, y que, arribando a Brasil en busca de un tema para escribir una novela, realizaría una auténtica historia al casarse con el lector mencionado. Una tal Miss Dollar sería incompleta si no tuviese unas gafas verdes y un gran rizo de cabello gris en cada sien; unos guantes de encaje y un sombrero de lino en forma de calabaza serían el último toque de esta magnífica tipa de ultramar.

Más experto que los otros, acude un lector diciendo que la protagonista de esta historia no es ni fue inglesa, sino una mujer de total ascendencia brasileña, y que el nombre de Miss Dollar quiere decir simplemente que la muchacha es rica.

El descubrimiento sería excelente si fuera exacto; infelizmente, ni este ni los otros lo son. Esta Miss Dollar no es la chica romántica, ni la mujer robusta, ni la vieja literata, ni la brasileña rica. Falla por esta vez la proverbial perspicacia de los lectores; Miss Dollar es una perrita galga.

Para algunas personas tal característica de la protagonista hará que pierdan el interés por esta historia. Gran error. Miss Dollar, a pesar de no ser más que una perrita galga, tuvo el honor de ver su nombre en los periódicos antes de pasar a formar parte de este libro. El Jornal do Comércio y el Correio Mercantil publicaron en las columnas de anuncios las siguientes líneas reverberantes de promesa:

Se extravió una perrita galga la noche de ayer, 30. Responde al nombre de Miss Dollar. Quien la encuentre y la lleve a la Rua de Mata-cavalos nº…, recibirá doscientos mil reales de recompensa. Miss Dollar tiene un collar en el cuello asegurado con un candado en el que se leen las siguientes palabras: De tout mon coeur.

Todas las personas que sentían la necesidad urgente de doscientos mil reales y tuvieron la suerte de leer aquel anuncio, andaban ese día con extremo cuidado por las calles de Río de Janeiro, a ver si encontraban a la extraviada Miss Dollar. Cada perro que aparecía a lo lejos era perseguido con tenacidad hasta verificar que no era el animal buscado. Pero toda esta cacería por doscientos mil reales era completamente inútil, visto que, el día en el que apareció el anuncio, Miss Dollar ya se encontraba en la casa de un sujeto que vivía en Cajueiros y era coleccionista de canes.


«Miss Dollar – Capítulo 1», traducido por Pablo Alejos Flores. Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.


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